No les había contado, pero ya chupé faros de aquí, y ahora estoy, obra y gracia de Dios, en Lo prosaico, mi nuevo blog.
UNA VEZ LO VI. Una vez lo vi y era hermoso. Tenía el pelo ensortijado y negro y frenillos en los dientes, las manos delgadas y unos dedos finos, ágiles.
  Se llamaba Alán y me invitó a caminar bajo un sol blanco de radiante. Un sol, ah, chorreándome por las mejillas calles y calles, hasta que dimos con un árbol, una banca y un par de minutos o de horas, y gastamos el tiempo, yo esperanzado de amor, de un beso, de que me dijera frente a mi boca que lo pedía, a mi mirada que decía anda, a mis nobles orejas que no han escuchado de bueno mucho, que me quería.
  Pero qué iba a quererme si no me conocía. Pero mi emoción persistía aguardando a que saltara de su manso soliloquio la declaración amada que soñé desde que supe que iría a verlo, yo ahí desmoronándome de ganas.
  Pero qué iba a decirme sino nada, cosas como mira el sol, mira la calle, los niños vuelan, los adultos son de paja, cosas que no alcanzaba a pelar para entenderlas.
  Hasta que se fue, claro, dejándome ahí, soñando con volver a verlo.
TENGO UN AMANTE. Tengo un amante que, cuando atiende su café, sus suyos ven a los míos de cuando en vez. Tengo un amante que, cuando atiende su café, mis míos ven a los suyos de cuando en vez.
  Así es, mi amante porta un look a la italiana, sirve mokas, frapuchinos, cafés de todos tipos, tiene una carita de bebé y una voz ronca, en contraposición. Los miércoles y jueves que no va adonde va, mi cara desvanece como las montañas de extintos silueta y contorno. Y mi voz mental duerme diciéndose “Vuelve, vuelve, vuelve”, tres veces incesantes.
  Posdata. Y no es ni gordísimo, ni feísimo, ni malescritorísimo, ni borderlinísimo, ni micropenísimo. (Esta posdata es abominable, mas necesaria de citarse.)

Veo que todavía te acuerdas de mí, buenescritorísimo.

Estimado Iván: ¿quién no se va a acordar de un récord Guiness en gordura, y en otras cosas que te daría vergüenza que citara? Es inevitable, pero yo preferiría que me recordaran por las cosas buenas y no por las pésimas. Saludos.

Me disculpo por ser gordo -¿gordo?, gordísimo-. Me siento bastante apenado, Juan Pablo.
¿CÓMO VA TODO? –¿Cómo va todo?
  –Bien.
  –Ya ni saludas.
  –Prefiero estar distante.
  –¿Y eso?
  –No sé, simplemente… creo que no es buena idea buscar una cercanía entre nosotros.
  –Ah, ¿por?
  –Ya sabes, Juan Pablo, ¿para qué repetírnoslo? No me gusta la clandestinidad de nuestra relación. Me lastima.
  –Respetable.
  –¿Ves? Ya me sentí mal. Esta pequeña conversación ya logró lastimarme. Seguramente no tenías nada mejor que hacer o estabas aburrido, ¿no? Siempre me buscas por eso, cuando quieres.
  –No, cuando te busco es porque tengo ganas de charlar contigo.
  –Bueno, lo siento. Gracias por tu aprecio y en fin, pero, plis, no me busques sino cuando no tengas que esconderte de tu mamá, de la Alejandra o de quien sea.
  –Sale. Right.
APENAS LO VI. Apenas lo vi, tomamos las cosas por donde se habían quedado, yo prendiéndome de su entrepierna y él entrecerrando los ojos, complacido, y todo mientras el mundo a bordo del camión donde nos mañoseábamos se olvidaba de pronto.
  Y eso fue todo, o bueno: nos bajamos, fuimos a los baños olvidados de algún edificio viejo y, no sé, pudimos más cómodamente, sin arriesgarnos a en algún momento sentir algo de pudor, entregarnos a una pasión lúdica y jubilosa, años de no vernos.
  Y qué chistoso, justo anoche pensaba en él…
UN DOLORCILLO CUANDO ORINO. Un dolorcillo cuando orino, no sé por qué, empecé a sentir hoy. Quizá será ese té que estoy tomando, de pingüica, que me hago con las hojas de un árbol que está enfrente de mi casa. Por eso, o por flojera, ¡Dios sabrá!, estoy aquí escuchando a Niña Pastori cantar tan bueno “Mediterráneo” y, a lo lejos, discutir a unos diseñadores del periódico donde trabajo y… nada, mientras me cago de las ganas de orinar. Y un poco me orino de las ganas de cagar.
  Joder, incluso me da weba escribir.
NO QUISIERA TENER QUE APASIONARME. No quisiera tener que apasionarme, pero es irremediable: la literatura para mí es una forma de entender el mundo y, a la vez, de acercarme a él. Es el filtro por el cual me gusta presentarme ante los otros, pero también es un cristal a través del cual puedo verlos mejor y a detalle. Como juego, insuperable, que me apasiona y me absorbe, pero sin sustraerme, porque es precisamente la vida su tema inacabable.
SI NO TODO ES FICCIÓN. Si no todo es ficción, claro está, también es cierto que no todo lo que diga aquí se ajustará necesariamente a la realidad real. Bien dice mi amigo zamorano que, cuando se media sólo con las palabras, lo inevitable es construir personajes, alejados o cercanos a lo que verdaderamente somos, a lo que son, por suparte, quienes nos circundan y retratamos.
  Pero todo esto no importa, ni decir de cierto todo o ser el culmen de la hipocresía, sino… bueno, no sé, quizá no importa nada.
TENGO UNA IDEA SIN PARANGÓN. Tengo una idea sin parangón, estupenda, que le comunico de inmediato con mi celu a mi amigo zamorano: voy a reorganizar mi vida a través de un blog.
  Y ya, me quedo feliz, encantado de la vida con mi nueva idea, sin pensar demasiado cómo le haré o si funcionará: encantado de la vida, simplemente.